De verdad, que no lo teníamos planeado, no estaba en nuestros planes ¡Que ya vamos a Bali y Miami! Pero al final, nos hemos “dejado enredar” y ahora estamos ansiosos por partir hacia este nueva aventura.

Los que nos leéis desde hace tiempo lo sabéis, nos conocéis un poco, y el improvisar no es lo nuestro… ¡Si ya tenemos casi el viaje para el año que viene! Pero a veces  las cosas vienen rodadas y te tiras a la piscina. Sin duda nos hace mucha ilusión, Maldivas fue nuestro primer viaje de buceo, nuestro primer viaje “largo” como pareja y el que nos cambió la vida.

Jordi siempre ha dicho, que si no hubiese sido por Maldivas, ahora no seguiríamos buceando, seríamos como esos cientos de miles de personas que por A o por B, se apuntan un día a realizar un curso de buceo, por eso de hacer alguna actividad entre amigos, un fin de semana diferente… pero que una vez superado el curso, o bien no vuelves a enfundarte en un traje de neopreno o ni tan solo te planteas pasarte a por tu titulación… De esas personas que hemos conocido durante los últimos años, y hemos compartido con ellos los primeros buceos cuando colaboramos con un centro de buceo de Barcelona…

Y aquí estamos, unos años después contando los días para volver al que fue nuestra casa, el Emperor Leo, y dónde conocimos a personas maravillosas con las que hemos compartido momentos únicos, o años después se han convertido en familia y han vivido incluso de primera mano nuestra unión.

Sin duda volvemos sobre todo por una razón. MALDIVAS SE ESTÁ MURIENDO, eso es un hecho, el planeta se está quedando sin algunos de sus mejores arrecifes, y no sabemos si tendremos la oportunidad de volver, o si tan sólo seguirán allí esas islas paradisíacas.

El calentamiento global, y en concreto “El niño” durante los últimos años han provocado que la temperatura del agua ascienda más de 5 grados, provocando que en determinados momentos del año, el agua en Maldivas se sigue a más de 30 grados centígrados. Los corales para vivir de forma plena y reproducirse, necesitan temperaturas entre los 24 y 28 grados. Maldivas era antes un jardín de coral de colores, pero esta elevación de las temperaturas provocó que los corales perdieran sus microalgas, aquellas que utilizan para realizar la fotosíntesis, la mismas que les daban color… y estos quedaran desprotegidos, expuestos al sol, a las altas temperaturas y poco después, presas del blanqueamiento.

Maldivas sólo conserva intactos 2/3 del coral, y podemos encontrar zonas totalmente desoladas, cementerios en los que ahora no hay más restos de lo que antaño fue todo un ecosistema perfectamente engranado. Esto lo hemos podido conocer en detalle con documentales como chasing coral.

Pero esto no es lo único que está afectando actualmente a Maldivas. Los monzones, cada vez son más fuertes, y sus efectos en playas e islas más devastadores. El mar se está tragando literalmente las islas, y estas tienen que ser rellenadas constantemente con sacos y sacos de arena coralina. Poco queda de aquellas playas paradisíacas, al menos en la práctica, pues lo que ahora llamamos islas “desiertas” no son más que bancos de arena artificiales.

Además, Maldivas y el crecimiento del turismo se están enfrentando a la sobre-población, y con ella, la capacidad nula que tiene este país para deshacerse de la basura… teniendo incluso una isla vertedero, con una fumata constante de la quema de deshechos….

¡Vale! Me he puesto muy profundo, y si, puede que un poco extremista… Maldivas aún tiene muchos atractivos, sigue siendo el paraíso, y en ellas encontrarás algunas de las mejores inmersiones del mundo, y son uno de los únicos lugares del mundo en el que bucear con mantas de noche.

Entonces es, cuando te salen estas “oportunidades” y decides abrocharte el cinturón este año y tirarte a la piscina, o al arrecife… Pues como digo, Maldivas no siempre van a estar ahí, y mejor ir ahora que arrepentirte de haberlas podido disfrutar y no haberlo hecho.

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